En México, 85% de las operaciones menores a 500 pesos todavía se realizan en efectivo. El gobierno federal calcula que esa proporción podría bajar a alrededor de 50% durante el primer año de su nueva estrategia de pagos digitales.
Para Jaime Márquez, socio y director ejecutivo de Desarrollo de Negocios de Sistema de Transferencias y Pagos (STP), ese dato resume una batalla que la industria lleva años intentando ganar.
“El enemigo en común que tenemos todos aquí es el efectivo”, dijo durante una conversación con FintechExpert en FINNOSUMMIT 2026, realizado el 23 y 24 de septiembre en Ciudad de México.
STP lleva 17 años operando en ese terreno. Su negocio se ha concentrado en conectar empresas con la infraestructura de pagos del país para realizar transferencias vía SPEI, dispersar pagos masivos, generar CLABEs individualizadas para identificar cobros y ofrecer otros servicios asociados a la operación de pagos.
La compañía atiende a más de 1,500 empresas y, de acuerdo con información publicada sobre Márquez por FinTech México, presta servicios al 95% de las instituciones de tecnología financiera del país.
Hacer una cosa y hacerla bien
La permanencia de STP en un mercado que se ha llenado de nuevos participantes no se explica, según Márquez, por perseguir cada nueva tendencia.
Su recomendación para los emprendedores fintech es casi la contraria: encontrar un problema concreto y mantener el foco.
“Hay que dominar una cosa, hay que mejorar constantemente eso y seguir atendiendo ese problema”, señaló.
Para STP, ese problema fue facilitar el movimiento digital de dinero para empresas en México.
La tesis parece sencilla, pero también dice mucho sobre cómo ha cambiado el ecosistema fintech. Hace más de una década, convencer a una empresa de integrar pagos electrónicos o utilizar infraestructura basada en SPEI requería explicar primero por qué debía hacerlo.
Hoy el contexto es distinto.
Fintechs, bancos, comercios y plataformas digitales compiten por mover una proporción cada vez mayor de las transacciones fuera del efectivo. Al mismo tiempo, el gobierno mexicano está intentando acelerar ese cambio.
En septiembre presentó una iniciativa de Ley de Economía Digital para extender la aceptación de medios de pago electrónicos y digitales. La ley fue publicada en la edición vespertina del Diario Oficial de la Federación (DOF) el 4 de noviembre de 2026 y entró en vigor el 5 de noviembre.
De SPEI a una nueva generación de pagos
La siguiente etapa no dependerá de una sola tecnología.
Márquez identifica oportunidades en productos como CoDi y DiMo, mientras que en pagos transfronterizos aparecen otras alternativas, entre ellas stablecoins y activos digitales.
La referencia inevitable para México es Brasil.
PIX mostró que un sistema de pagos instantáneos puede alcanzar adopción masiva cuando la experiencia para usuarios y comercios es suficientemente sencilla. Para Márquez, México avanza hacia una dirección similar, aunque el proceso será gradual.
La extensión de pagos digitales a operaciones cotidianas, desde comercios hasta servicios como casetas o gasolineras, puede parecer incremental. Pero precisamente ahí está buena parte de la batalla: conseguir que pagar digitalmente deje de ser una alternativa y se convierta en un hábito.
La IA como acelerador
En esa transición aparece otro factor: la inteligencia artificial.
Márquez no la plantea como una amenaza para las empresas de infraestructura financiera, sino como una herramienta para aumentar la velocidad con la que pueden desarrollar productos y modificar procesos internos.
Actividades que antes requerían ciclos largos de desarrollo, revisión y coordinación entre distintas áreas pueden ejecutarse en menos tiempo con ayuda de herramientas de IA.
Eso también eleva la presión competitiva.
Pero Márquez ve esa competencia como algo positivo. Cuando STP comenzó a hablar de digitalización, SPEI o cuentas individualizadas, había pocas compañías intentando vender la misma idea. Eso hacía más difícil desarrollar el mercado.
Ahora ocurre lo contrario.
“Más empresas quieren tener esos servicios, más empresas se quieren digitalizar”, dijo.
La competencia, bajo esa lógica, no solamente disputa clientes. También ayuda a crear la categoría.
Para STP, eso significa continuar con la estrategia que ha seguido durante casi dos décadas: mejorar la infraestructura que ya conoce mientras el mercado mexicano aumenta su adopción de pagos digitales.
El objetivo final sigue siendo menos sofisticado que hablar de inteligencia artificial, stablecoins o nuevas arquitecturas financieras.
Es conseguir que, cuando una persona o una empresa tenga que pagar, el efectivo deje de ser la primera opción.
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