La transformación de la banca en México hacia 2026: tecnología lista, regulación incompleta
La infraestructura digital avanza, pero la adopción, la cultura del efectivo y los pendientes regulatorios siguen marcando el ritmo del cambio.
La banca en México atraviesa una transformación estructural que, lejos de ser un fenómeno coyuntural, define el rumbo del sistema financiero para la segunda mitad de la década. El cambio es claro: las aplicaciones bancarias dejan de ser simples herramientas transaccionales para convertirse en plataformas de servicios más amplios, orientadas a la experiencia del cliente, la personalización y la integración con terceros.
Sin embargo, el ritmo de esta evolución no está determinado únicamente por la tecnología. Factores como la confianza de los usuarios, la capacidad de adopción digital y, sobre todo, la regulación pendiente, siguen siendo variables críticas que condicionan el alcance real de esta transformación.
Infraestructura madura, uso limitado
Desde el punto de vista operativo, México cuenta con una de las infraestructuras de pagos más avanzadas de América Latina. Transferencias inmediatas vía SPEI, esquemas de pagos digitales como CoDi y soluciones para pagos interbancarios de mayor volumen han eliminado gran parte de las fricciones técnicas.
El desafío ya no es tecnológico, sino cultural. La adopción masiva de estos sistemas sigue enfrentando una realidad persistente: el uso intensivo del efectivo y la desconfianza histórica hacia los medios digitales. La inclusión financiera digital no se resuelve con infraestructura disponible, sino con incentivos claros, educación financiera y experiencias de usuario que realmente aporten valor.
IA: de promesa a ventaja competitiva
En este contexto, la Inteligencia Artificial (IA) se consolida como una de las principales palancas de cambio. La banca mexicana ya no explora la IA como experimento, sino como herramienta estratégica para redefinir la relación con el cliente: comunicación proactiva, alertas inteligentes, recomendaciones personalizadas y modelos de atención híbridos que combinan asesoría humana con automatización.
El valor no está únicamente en automatizar procesos, sino en utilizar los datos para anticipar necesidades y ofrecer productos relevantes en el momento adecuado. Esto tiene implicaciones directas en la eficiencia operativa, la retención de clientes y la rentabilidad.
Open banking: liderazgo normativo, adopción lenta
México fue pionero en América Latina con la promulgación de la Ley Fintech, que sentó las bases regulatorias del open banking. No obstante, a varios años de su implementación, el ecosistema avanza más lento de lo esperado. Persisten disposiciones regulatorias pendientes sobre ciertos tipos de datos que limitarían una interoperabilidad más profunda y funcional.
Esta brecha regulatoria ha frenado casos de uso avanzados y ha reducido el impacto potencial del open banking como catalizador de innovación. Aun así, el camino parece irreversible: la colaboración entre bancos y fintechs, el uso extensivo de APIs y la construcción de experiencias integradas son ya una exigencia del mercado.
Omnicanalidad y riesgos: el equilibrio necesario
La transformación bancaria no implica abandonar los canales tradicionales, sino integrarlos. El modelo omnicanal —sucursales, apps, atención telefónica y canales digitales— sigue siendo clave para garantizar adopción y confianza, especialmente en segmentos menos digitalizados.
Al mismo tiempo, el avance tecnológico eleva la exposición a riesgos. La ciberseguridad, la prevención de fraude y el cumplimiento regulatorio no son áreas accesorias, sino elementos centrales de cualquier estrategia de innovación. La modernización tecnológica sin un enfoque robusto de gestión de riesgos puede convertirse en un pasivo sistémico.
Cinco ejes que definirán a los bancos ganadores
De cara a 2026, las instituciones financieras que logren avanzar con mayor solidez compartirán cinco elementos estratégicos: una estrategia clara de innovación, el uso inteligente de datos e IA, la modernización tecnológica basada en nube y APIs, una gestión integral de riesgos y un rediseño profundo de la experiencia del cliente que facilite la adopción digital.
La transformación de la banca en México no está en discusión; lo que sigue abierto es quién logrará ejecutarla con la profundidad y la velocidad necesarias para capturar su verdadero valor.



