La banca mexicana achica sucursales, pero no abandona la calle
"La menor red desde 2020 refleja una distribución a dos velocidades: menos sucursales tradicionales frente al auge de redes selectivas, corresponsales y modelos embebidos."
La banca mexicana está reduciendo sucursales, pero el dato no cuenta una historia lineal de digitalización. Cuenta otra más incómoda: la presencia física se está volviendo selectiva, más cara de justificar y más dependiente del tipo de cliente que cada banco quiere atender.
Al cierre del primer trimestre de 2026, el país tenía 11,312 sucursales bancarias, 505 menos que un año antes, de acuerdo con cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores citadas por El Economista. Es el nivel más bajo desde agosto de 2020, cuando el sistema todavía absorbía el ajuste operativo provocado por la pandemia.
La contracción no se distribuye igual. BBVA redujo 157 sucursales en un año, HSBC 131, Santander 42, Banco Azteca 23, Scotiabank 10 e Inbursa 9. En la dirección contraria, Banorte pasó de 1,200 a 1,223 oficinas, BanCoppel de 1,371 a 1,385 y Banamex sumó una sucursal para cerrar marzo con 1,263 unidades.
Ese contraste revela que la sucursal ya no es una pieza estándar de cobertura bancaria. Para algunos bancos grandes, la red física es un costo que debe adelgazar donde la app, el cajero, el call center o la banca digital ya sustituyen transacciones frecuentes. Para otros, especialmente con bases populares, territoriales o de alta interacción en efectivo, la oficina sigue siendo una infraestructura de confianza, captación, cobranza y originación.
La discusión no puede reducirse a “menos sucursales, más fintech”. México sigue siendo una economía donde el efectivo, las aclaraciones presenciales, los depósitos físicos y la asesoría cara a cara pesan en la relación financiera. El cierre de oficinas cambia qué clientes quedan cerca de atención humana y qué operaciones terminan migrando a corresponsales, cajeros, redes comerciales, aplicaciones o esquemas embebidos.
El contexto territorial también importa. BBVA Research, con información de CNBV e Inegi, estimó que 81.9% de 6.5 millones de unidades económicas se ubican a no más de dos kilómetros de una unidad económica de banca múltiple, incluyendo sucursales, cajeros, corporativos u otros puntos de acceso. La cobertura sube a 91.9% en un radio de cuatro kilómetros y a 94.8% en siete kilómetros.
Pero esa cobertura promedio oculta brechas. El mismo análisis identificó 1.17 millones de unidades económicas a más de dos kilómetros de una unidad de banca múltiple. La distancia pesa más para microempresas, agricultura, minería y actividades dispersas, justo donde la digitalización por sí sola no siempre resuelve liquidez, confianza o capacidad de contratación financiera.
La lectura para el sistema financiero mexicano es que la red física está dejando de ser uniforme. Los bancos que cierran oficinas probablemente buscan eficiencia, reducción de costos y concentración en canales digitales o centros más productivos. Los que abren, en cambio, están apostando a que la cercanía sigue generando valor en ciertos segmentos: clientes con efectivo, comercios pequeños, usuarios menos digitalizados o plazas donde la presencia territorial todavía crea relación principal.
Ese cambio abre espacio competitivo para modelos que mezclan lo físico y lo digital. Corresponsales, tiendas, gasolineras, cajeros multifunción, TPV, wallets y fintechs pueden capturar parte de la demanda que antes pasaba por una sucursal, siempre que resuelvan tres problemas: confianza, disponibilidad de efectivo y soporte cuando algo sale mal.
La reducción de sucursales, por tanto, no anuncia el fin de la banca física. Anuncia una pelea más precisa por decidir dónde la presencia física todavía paga y dónde se convierte en carga operativa. En esa frontera se jugará una parte de la inclusión financiera real: no sólo quién tiene una app, sino quién tiene un punto confiable para entrar, resolver y permanecer dentro del sistema financiero.
Fuentes: El Economista, CNBV, BBVA Research




