Reino Unido cambia el candado: stablecoins sistémicas podrán escalar, pero bajo control del banco central
El Bank of England sustituye límites de tenencia por guardarrieles de emisión de 40,000 millones de libras y endurece la lectura de las stablecoins como infraestructura de pagos con riesgo sistémico.
Reino Unido acaba de enviar una señal regulatoria importante para el mercado global de stablecoins: el problema ya no es si pueden existir dentro del sistema financiero, sino bajo qué condiciones pueden crecer sin convertirse en una fuga desordenada de depósitos bancarios o en una nueva fragilidad de pagos.
El Bank of England publicó el 22 de junio de 2026 su declaración de política y consulta sobre el Code of Practice para emisores de stablecoins sistémicas denominadas en libra. El documento marca un cambio relevante frente a la consulta previa: en lugar de imponer límites de tenencia por persona o empresa, el banco central propone un guardarrieles temporal de emisión por producto, inicialmente de 40,000 millones de libras.
La decisión busca equilibrar dos objetivos que suelen chocar. Por un lado, permitir que las stablecoins se desarrollen como dinero digital de pago, con uso potencial en servicios más rápidos, baratos, flexibles, transfronterizos y programables. Por otro, evitar que una stablecoin sistémica drene depósitos bancarios, debilite la provisión de crédito o genere riesgo de redención masiva.
El cambio importa porque flexibiliza el acceso de usuarios. Bajo el esquema anterior, el límite recaía directamente sobre cuánto podían tener individuos o empresas. Bajo el nuevo modelo, el límite se mueve al tamaño agregado de cada stablecoin sistémica. Eso permite uso sin fricción por parte de hogares y negocios, pero mantiene una barrera macroprudencial sobre la escala total del instrumento.
El Bank of England también ajustó el diseño económico del respaldo. Los emisores podrán mantener hasta 70% de los activos de respaldo en deuda pública británica de corto plazo, con vencimiento residual de hasta seis meses, y el resto en depósitos en el banco central. En la consulta previa, la mezcla era 60% deuda pública y 40% depósitos no remunerados en el banco central.
Ese cambio mejora la viabilidad del modelo de negocio, porque permite generar rendimiento sobre una mayor parte del respaldo. Pero no convierte a las stablecoins en depósitos bancarios. El banco central mantiene exigencias de respaldo 1:1, activos líquidos, redención en 24 horas, reservas de riesgo financiero, reservas de wind-down y mecanismos de trust para proteger a los tenedores si el emisor falla.
La frontera con la banca comercial sigue siendo deliberada. El Bank of England no abrirá, como regla general, el respaldo a depósitos en bancos comerciales, por considerar que esa estructura puede aumentar interconexiones, crear dependencia entre emisores y bancos de salvaguarda y amplificar tensiones de liquidez en escenarios de estrés.
Para México y América Latina, la relevancia no está en la cifra de 40,000 millones de libras ni en copiar el marco británico. Está en la arquitectura regulatoria que empieza a emerger: las stablecoins de pago dejan de tratarse sólo como criptoactivos y empiezan a regularse como infraestructura monetaria privada, con controles de escala, liquidez, custodia, redención y continuidad operativa.
La comparación con Estados Unidos es inevitable. Mientras el GENIUS Act acerca a los emisores permitidos de stablecoins al lenguaje bancario, AML y de identificación de clientes, Reino Unido está afinando el perímetro de estabilidad financiera para stablecoins que puedan volverse sistémicas en pagos. Ambos movimientos reducen la zona gris: stablecoins sí, pero con reglas más parecidas a infraestructura financiera crítica que a experimentos periféricos de cripto.
El mensaje de fondo es que la próxima etapa de las stablecoins no se definirá sólo por adopción, velocidad o costos de transferencia. Se definirá por quién puede sostener confianza en momentos de estrés, devolver valor a la par, separar activos, responder ante supervisores y demostrar que la innovación en pagos no rompe el crédito ni la estabilidad del sistema.
Fuentes: Bank of England, HM Treasury, Financial Times




