El fin del spread como eje central del modelo de negocio bancario
Por Pablo Pereyra Portugal, Chief Revenue Officer en 2innovate
Históricamente, la rentabilidad de la banca se ha sustentado en una fórmula relativamente definida: captar fondos a una tasa, prestar a otra y administrar el diferencial. No obstante, en la actualidad, esta ecuación experimenta una transformación estructural, reorientando el modelo hacia un ecosistema competitivo donde si bien el margen de intermediación conserva su relevancia, la diferenciación, la retención y la rentabilidad se articulan primordialmente a través de la provisión de servicios financieros.
Durante una parte significativa del siglo XX y los albores del XXI, el negocio bancario estuvo dominado por el spread financiero. La captación de depósitos, la colocación de crédito y el sostenimiento de la rentabilidad a partir de ese diferencial posibilitaron la edificación de instituciones sólidas y la expansión de balances con relativa estabilidad.
Sin embargo, el entorno ha mutado de manera estructural. La digitalización acelerada, la evolución del marco regulatorio, la irrupción de la competencia fintech y la transformación en el comportamiento del usuario han desplazado el centro de gravedad del modelo. La discusión estratégica ha dejado de enfocarse exclusivamente en el margen generado por un crédito para pivotar hacia los servicios que se brindan al cliente, impulsada por una demanda digital cada vez más robusta, orquestando nuevos modelos de negocio que requieren monetización y una contribución creciente a la rentabilidad de la entidad financiera.
La evidencia empírica respalda esta contundente aseveración. La edición más reciente del Global Findex Database 2025 revela que el 70 % de los adultos en América Latina poseía una cuenta formal en 2024. El avance de la inclusión financiera es patente, pero el mero acceso no garantiza la rentabilidad para las instituciones. Paralelamente, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha señalado que la innovación tecnológica y la expansión de actores fintech están modificando la estructura competitiva del sector y ejerciendo presión sobre los modelos de ingresos tradicionales. Esta realidad es observable en toda la región: las instituciones bancarias se han visto obligadas a elevar su propuesta digital, simplificar los procesos presenciales y ampliar su portafolio de servicios para responder a un usuario más exigente y con menor tolerancia a la dilación.
Si el spread ha dejado de constituir el epicentro, la interrogante se centra en la nueva ubicación del valor. La respuesta reside en los servicios que se materializan en los pagos y en la intensidad del movimiento transaccional. Se evidencia una mayor frecuencia, velocidad y diversidad de canales en las transacciones. El Global Payments Report 2025 de McKinsey indica que América Latina registró un crecimiento cercano al 11 % en ingresos por pagos, superando el 8 % de Europa y el 5 % de Norteamérica. La región no solo crece, sino que lo hace con un dinamismo superior en uno de los segmentos más resilientes del sistema financiero global. La rentabilidad comienza a edificarse sobre el flujo, y no exclusivamente sobre el saldo.
Este desplazamiento del valor se torna más tangible en el comportamiento del usuario. El cliente ya no percibe la banca como un conjunto de productos aislados, sino como un componente de una experiencia integrada. Efectuar un pago desde una aplicación, financiar una adquisición en un marketplace o transferir fondos en cuestión de segundos forma parte de una dinámica continua. Esta expectativa impele a las instituciones a evolucionar de intermediarios tradicionales a facilitadores del movimiento financiero, donde el volumen, la velocidad y la capacidad de integrarse a múltiples carriles en tiempo real se erigen como factores determinantes.
En la región coexisten transferencias inmediatas, tarjetas, billeteras digitales, pagos QR y esquemas transfronterizos. El desafío ya no radica en la conexión a uno de ellos, sino en su articulación coherente para minimizar la fricción experimentada por el usuario. Sin embargo, numerosas instituciones persisten en apoyarse en cores heredados y estructuras fragmentadas que obstaculizan esta convergencia y ralentizan la innovación. Por ende, la modernización ha trascendido la categoría de proyecto aislado para convertirse en una decisión estratégica fundamental acerca de cómo competir en un modelo donde la operatividad del movimiento prevalece sobre el margen.
Desde 2innovate hemos seguido de cerca esta evolución. La transición del spread al modelo transaccional demanda una infraestructura capaz de desacoplar lógicas heredadas e integrar múltiples carriles sin interrumpir la operación existente. Frame Banking™ aborda este desafío al facultar a las instituciones para operar como verdaderos orquestadores de ecosistemas financieros, facilitando la innovación continua y una convergencia efectiva.
El spread continuará siendo un elemento constitutivo del negocio, mas no determinará el futuro. El crecimiento estructural dependerá de la capacidad de participar activamente en la economía digital y de monetizar los flujos que la sustentan. El verdadero pulso del sistema financiero ya no reside en el diferencial de tasas, sino en cada transacción que conecta usuarios, plataformas y ecosistemas, y dicho pulso exige instituciones financieras preparadas para el escenario venidero.
Acerca de 2innovate:
2innovate es una empresa de tecnología global que provee Frame Banking™, una plataforma SaaS nativa en la nube que permite a las instituciones financieras operar en ecosistemas transaccionales de próxima generación. Al posicionar la transacción en el centro de la experiencia financiera y mitigar las fricciones tradicionales en los procesos de pago, Frame Banking™ asiste a las instituciones financieras a desacoplarse de las limitaciones de los sistemas legados y operar al ritmo de las transacciones modernas a través de múltiples carriles de pago. 2innovate fue fundada en 2016 y actualmente mantiene operaciones en 13 países, con oficinas en Miami, Ciudad de México, Buenos Aires y Montevideo.



